Del 19 al 23 de enero, Davos vuelve a ser el escenario predilecto de la élite global. Bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, se reúnen en Suiza cerca de 3.000 personas de 130 países: 64 jefes de Estado y de Gobierno, 1.700 representantes empresariales (850 CEO), casi 100 fundadores de unicornios tecnológicos, más de 120 ministros y 11 presidentes de bancos centrales. La crema del capitalismo, desde Trump (EE.UU.), su principal lacayo Milei, Macron (Francia), Zelenski (Ucrania), entre otros, hasta ejecutivos de Microsoft, Google, Exxon, Shell, TotalEnergies y Mercado Libre, se da cita para definir el rumbo del negocio global.
Como todos los años, el informe de Oxfam pone en cifras el escándalo: los multimillonarios crecieron un 16% en 2025, triplicando el ritmo de los años previos. Acumulan 18,3 billones de dólares, el récord histórico, mientras la mitad de la humanidad sobrevive en la pobreza y una de cada cuatro personas sufre inseguridad alimentaria.
Los súper ricos no solo amasan fortunas impensadas, sino que compran influencia política y mediática para definir reglas de juego a su medida. El informe resalta la “oligarquía global” de magnates como Musk, Bezos, Zuckerberg, y en Argentina aparecen Marcos Galperin (Mercado Libre) y Eduardo Eurnekian.
El propio Galperin –el más rico del país y defensor acérrimo de Milei– recibió exenciones fiscales por 247 millones de dólares en tres años, mientras el gobierno ajusta todo lo que puede contra los de abajo. Un monto que hubiese permitido, por ejemplo, adquirir de 35 a 45 aviones hidrantes medianos –en vez de los insuficientes 7 que se utilizaron– para sofocar los incendios que afectaron recientemente 15.000 hectáreas de la riqueza forestal de la Patagonia. No tener que depender, como sucedió, de la lluvia, como en la prehistoria, para lograrlo.
Milei, Galperin y la reforma laboral: todo para los de arriba
Javier Milei llegó a Davos para posar como adalid del libre mercado, la propiedad privada y el capitalismo sin restricciones. Repitiendo el show de 2024, busca seducir a los dueños del mundo con su plan de “reformas estructurales”: ajuste brutal, apertura económica, destrucción del Estado y una reforma laboral que sólo beneficia a los patrones.
La agenda de Milei incluye reuniones con financistas, empresarios y CEOs interesados en energía, infraestructura y agroindustria. Pero lo que vende como “modernización” es, en realidad, un regreso a la tiranía patronal del siglo pasado. Mientras que la IA permitiría aliviar la carga y condiciones de trabajo, reducir la jornada, los dueños del mundo la utilizan para esclavizar a los trabajadores.
El caso de Mercado Libre es clarísimo: Galperin se llena los bolsillos con privilegios impositivos al tiempo que promueve la flexibilización y la precarización en sus depósitos. El modelo Milei-Galperin busca legalizar para toda la clase trabajadora lo que ya aplican en sus empresas: jornadas extenuantes, pérdida de derechos, trabajo a demanda y represión de la organización sindical. Por eso la reforma laboral no es una ley más: es un ataque sin precedentes a conquistas que costaron décadas de lucha.
Mientras Milei busca ser el “niño mimado” de los grandes capitales y el FMI, la realidad golpea en Argentina: la apertura indiscriminada, lejos de traer inversiones, provoca cierre de fábricas y despidos masivos. Paradójicamente, mientras Trump arancela y protege la industria yanqui, Milei abre las puertas de par en par a la competencia extranjera y entrega los recursos naturales al capital internacional. El resultado es el saqueo de la riqueza nacional, la destrucción de empleos y la multiplicación de la pobreza.
Democracia patronal vs. democracia obrera
Davos es el recordatorio obsceno de quiénes deciden en este mundo cada vez más desigual. Hablan de democracia, pero la realidad es que un puñado de millonarios define el destino de las grandes mayorías.
Las burocracias sindicales y políticas actúan como diques de contención para impedir que la bronca de abajo se transforme en fuerza organizada. Por eso, la tarea de la hora es pelear por la democracia de los trabajadores en cada lugar de trabajo, coordinando la lucha con todos los sectores dispuestos a enfrentar la reforma laboral y el ajuste. El conflicto de de Lustramax y la lucha que están llevando los trabajadores son un gran ejemplo de cómo pararle la mano a la ofensiva patronal y lo que se viene.
Enfrentar a los dueños del mundo requiere la unidad de las grandes mayorías, la autoorganización y la acción directa: sólo así podremos frenar el avance de Milei, el FMI y los empresarios que quieren volver a la Argentina del siglo XIX.
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