Cuáles pueden ser las consecuencias de dejar el cargador del celular enchufado mucho tiempo

El cargador queda conectado al tomacorriente, el celular ya no está ahí y nadie parece darle importancia. Es una escena común en muchos hogares, repetida a diario sin mayor reflexión. Sin embargo, detrás de ese gesto automático se esconde un consumo silencioso de energía y una serie de efectos que, con el tiempo, pueden impactar tanto el bolsillo como la durabilidad de los dispositivos electrónicos.

Aunque el cargador no alimente un teléfono en ese momento, no está completamente inactivo. Al permanecer conectado a la red eléctrica, algunos de sus circuitos continúan con el funcionamiento en segundo plano. Ese fenómeno es conocido como consumo en modo espera o consumo fantasma, una forma de gasto energético que no se percibe de manera inmediata, pero que se acumula con el paso de los meses.

Una vez que la batería está cargada, se recomienda no dejar el celular enchufadoFoto ilustrativa: PIXABAY

En términos individuales, la electricidad que demanda un cargador sin uso directo es baja. Por sí solo, difícilmente provoca un aumento notorio en la factura de energía. El problema aparece cuando se suman varios dispositivos conectados de forma permanente en un mismo hogar: cargadores repartidos por las habitaciones, televisores en espera, consolas, decodificadores y routers encendidos las 24 horas.

Estudios técnicos estiman que el consumo anual de un cargador enchufado varía según su antigüedad. Los modelos más recientes, fabricados después de 2022, pueden consumir menos de un kilovatio hora al año. En contraste, los cargadores más antiguos, especialmente los anteriores a 2010, pueden triplicar esa cifra. En conjunto, ese gasto innecesario termina reflejándose en la factura eléctrica y en un uso poco eficiente de los recursos energéticos.

Más allá del costo económico, los especialistas advierten que este tipo de consumo continuo también tiene un impacto ambiental, al incrementar la demanda de energía sin una función real. Por esa razón, desconectar los dispositivos que no se utilizan se convirtió en una de las recomendaciones más reiteradas en materia de eficiencia energética.

Desde el punto de vista de la seguridad, un cargador conectado sin el celular no representa, por definición, un riesgo inmediato. Los cargadores modernos y certificados cuentan con sistemas de protección diseñados para regular la corriente y evitar fallos graves. Sin embargo, el nivel de riesgo cambia cuando se trata de accesorios de baja calidad, falsificados o visiblemente deteriorados.

El calor es uno de los factores clave. Aunque la energía que se disipa es mínima, el cargador permanece bajo tensión constante, lo que genera un leve aumento de temperatura. Con el paso del tiempo, ese calor puede acelerar el desgaste de los componentes internos y aumentar la probabilidad de fallas, especialmente si el enchufe está en mal estado o el entorno presenta humedad.

Hay que desenchufar el cargador del tomacorriente una vez que no está en usoReuters

En escenarios poco frecuentes, pero posibles, un cargador defectuoso puede sobrecalentarse y convertirse en una fuente de peligro. Por eso, los expertos insisten en que el riesgo no está en el acto puntual, sino en la repetición del hábito y en la calidad del accesorio utilizado.

Además del aspecto de seguridad, dejar el cargador siempre enchufado puede reducir su vida útil. Estar permanentemente conectado a la corriente implica un esfuerzo continuo para el dispositivo, lo que puede traducirse en fallos prematuros y la necesidad de reemplazarlo antes de tiempo.

Una práctica igual de extendida es dejar el celular conectado incluso después de alcanzar el máximo de carga. Los teléfonos inteligentes actuales están diseñados para evitar sobrecargas, por lo que interrumpen el flujo principal de energía al completar la batería. No obstante, mantienen un consumo mínimo conocido como carga de goteo, que sirve para conservar ese nivel.

Ese proceso no genera un daño inmediato, pero sí implica un leve estrés para la batería, sobre todo cuando se repite de manera constante. El calor vuelve a ser el principal enemigo. Mantener el dispositivo enchufado durante muchas horas, en especial con cargadores no certificados, puede acelerar la degradación de las baterías de iones de litio.

Por esta razón, los especialistas recomiendan no convertir la carga al 100% en una rutina permanente. Mantener la batería entre el 20% y el 80% ayuda a prolongar su vida útil y a conservar su capacidad durante más ciclos de carga. Al final, desconectar el cargador cuando no se usa y retirar el celular una vez completada la carga son gestos simples. No implican un cambio drástico en la rutina diaria, pero sí una forma más consciente y responsable de relacionarse con la energía y con los dispositivos que acompañan la vida cotidiana.

Por María Paula Lozano Moreno

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